Cinco años después de la primera entrada de este blog, me dispongo a hacer la segunda.
Extraño los setentas, aunque nací en 1991. El tiempo de obras maestras como la película Naranja Mecánica (1971) de Stanley Kubrick o libros como El Progreso Improductivo de Gabriel Zaid (1979).
Cuando conocí Clockwork Orange, la música sintética del transexual Wendy Carlos me hacía sentir que me había perdido de algo importante por no haber nacido entonces. Habría que pensar si aún en el tiempo que estoy viviendo, no me estoy perdiendo de eventos que marcarían mi vida para siempre. ¿Cómo saber en qué enfocar la atención? ¿Cómo decidir por donde encauzar la vida, en qué consumir el tiempo, hacia dónde voltear la cabeza? Podría haber joyas esperándome, o mejor aún, eventos históricos irrepetibles que me estoy perdiendo. Y seguramente no es lo que sale en las noticias, pues eso es más bien trillado o peligroso.
Decidir. Es fácil hacerlo cuando uno lee un libro y este libro hace referencia a otros, conduciéndonos naturalmente a lo necesario y deseable. Es una necesidad de los libros que los lectores nos embarquemos en la conversación-red que han formado con otras publicaciones. Esto es, especialmente, cuando el libro nos llama, nos golpea, nos rompe el hielo interior, como diría Kafka.
La mejor forma de tomar decisiones es aprovechando lo irrepetible, lo único, el momento en que coincidimos con algo de manera casi absoluta. Es decir, sencillamente, cuando estamos inspirados.
Desconozco la teoría de la decisión, pero ¿qué decisión será mejor que la tomada por uno mismo? ¿se necesita ayuda de teorías para gerentes y ejecutivos?
No descarto que la teoría de decisión me pueda ayudar, pero por lo pronto prefiero guiarme por ideas aproximadas del mundo que han salido de mi propia visión o de personas afines.
El azar: hay que decidir en base a algo parecido a revelaciones divinas. Esto se contrapone a lo "racional" de la teoría. Cosas como abrir la Biblia para ver qué nos hace hacer, o dejarse llevar por los eventos que salen de lo cotidiano, leer libros por recomendación en vez de seleccionarlos uno mismo, hacer homenajes a los genios por la fecha de su nacimiento. Son formas de exponerse a la buena de la suerte y de aprender, es decir, salir de nuestro cómodo contexto para seguir la inspiración o el lado dionisíaco de la existencia.
Después de el azar, viene la inspiración. Es decir, yo tomo un libro al azar y me llama o no me llama. Si me llama, lo atiendo y me embarco en una nueva aventura. Si no me llama, vuelvo al azar "puro" o al artificio de la decisión por revelación. Cuando hay suficiente inspiración, puedo pasarme un buen rato sin necesidad de decidir. Cuando surge la necesidad, sigo mis sistemas azarosos.
sábado, 25 de enero de 2014
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