jueves, 25 de junio de 2009

De la trascendencia y la inmortalidad...

¿Qué finalidad tiene todo esto?

Si bien la intención final y más profunda de todo aquel que plasma su visión en algo es trascender al tiempo y la muerte, hay muchísimos casos en que el interesado ni siquiera alcanza a vivir para enterarse de su importancia.

Ahora, la importancia de saber en vida que se va a lograr trascender depende de aquello que se presente después de morir. Si acaso la muerte no fuera más que un paso a la nada, la verdadera utilidad de una obra humana (no lo dejemos en arte) sería el reconocimiento que se alcance en vida, derivando en el prestigio (alimento del ego) y los múltiples privilegios que esto conlleva. El placer y la felicidad serían lo más atractivo y finalmente lo mejor.

La inmortalidad es una idea meramente emocional, un placebo para la mente humana y su "espíritu". Si nosotros como pequeños hombres creemos librar una guerra contra el fin, contra la muerte, esa lucha está perdida de antemano. Pues ¿qué cosa puede contra la eternidad? El tiempo es infinito, y por más angustia que tengamos, las cosas como tales se extinguen.

¿El valor de las ideas?

Nuestras ideas son simplemente reacciones propias a nuestra percepción del mundo y de la realidad, sólo son válidas para aquellos que perciban igual que nosotros. El valor que tienen para el mundo REAL y no sólo para los individuos que reaccionan casi igual que nosotros, es subjetivo, por eso son tan importantes las obras físicas en las que se manifiestan, por lo menos con el fin de comunicarlas con mayor exactitud. A final de cuentas, lo que llamamos trascendencia de una obra, es algo temporal, pasajero, que sólo perdurará en los seres físicos que puedan entender los significados o mínimo sentir las emociones, aproximadamente.

Por más que transmitamos nuestras caóticas y desordenadas ideas a este mundo de individuos que también las comunicarán, llegará un día en el que no sobreviva nadie para escucharnos. Con el paso del tiempo y de nuestras ideas por este mundo, éstas se irán deformando y el mensaje que dejamos cada día será distinto. Por más que influyan en acciones ajenas que "cambien al mundo", pronto toda nuestra condenada civilización llegará a su fin, y si acaso hubiera otras civilizaciones que nos lograran escuchar, tampoco podrían ser eternas. En este mundo lo infinito no se podría concebir si las cosas no fueran finitas. Algún día, que lo más probable es que no sea muy lejano, obtendremos el premio mayor por haber estado aquí; nuestro fin.

Y al final, cuando no quede nadie, nada de lo que hicimos habrá importado. ¿o sí?